Presentación

Equilibrio

El equilibrio no es, ni mucho menos, una cura aceptable para quien lo entiende. Psicólogos, libros de autoayuda, seminarios y revistas especializadas hablan del equilibrio como un karma por alcanzar y que una vez en él, no habrá muchas más cosas que le puedan perturbar. Pero la realidad ha sido distorsionada por la desesperación de muchos y la incredulidad de unos pocos.

El equilibrio no es un objetivo, sino la consecuencia de un modo de vida. De hecho, el desequilibrio, en una cierta medida, es el detonante de muchas buenas sensaciones en nuestro cuerpo.

La felicidad es un momento en el que la mente puede satisfacer los deseos del corazón, y para que eso ocurra, debe existir un desequilibrio, una desigualdad, un deseo. El deseo es la diferencia de estados entre la mente y el corazón. Cuando ambos están de acuerdo, no hay deseo, no hay ambición, no hay motivo para moverse.

Es cierto que hay muchas cosas del entorno exterior que nos afectan y se encargan de darnos una bandeja repleta de razones para empezar a desear, alcanzar, decidir, rechazar o aceptar más allá de nuestras posibilidades. Pero al margen de las pequeñas inclemencias de la vida, hay que apostar en ocasiones por lo no seguro, arriesgar para tener algo más, creer en el desequilibrio.

Hay que estar un poco locos para lanzarse ahí fuera y coger lo que se nos ha destinado y sabemos que va a ser para nosotros. Apostemos por un poco de locura en este mundo. Vamos a alborotarnos el pelo, a correr el maquillaje de nuestra cara y a correr también desnudos por la nieve. No sé, cualquier cosa sugerente que nos haga salir de esta caverna donde estamos escondidos hasta que pase la tormenta.

No nos hemos enterado todavía de que el temporal es la vida misma y que esto que nos ha tocado vivir consiste en mojarnos, en mirar hacia arriba y dejar que las gotas de lluvia fría calen en nuestros ojos, en nuestra boca.

A veces cae un poco de granizo, y no viene nada mal poner la mano —para protegernos—, pero en general, eligiendo bien el momento, podemos llegar a encontrar un mundo de grandes sensaciones, de gratos recuerdos que será nuestro bagaje en el viaje por la existencia. Ese ínfimo paso que hacemos como una estrella fugaz que quiere brillar todo cuanto pueda antes de fulminarse en millones de partículas, en un cielo estrellado partido en dos.

No es necesario preocuparse por ser tan equilibrado. Quizá baste con un poco de terapia todos los días, pensando que no estamos tan lejos de lo deseado. Pensando que dando un paso más, estaremos más cerca de lo anhelado. Paso a paso nos acercaremos lentamente hacia lo soñado, incluso al país de lo no imaginado.

La felicidad consiste en eso, en no pensar tanto, en sentir y actuar, sin prejuicios ni espanto.

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