Hoy ha ocurrido un acontecimiento indescriptible. Algo que no tiene ni apellidos, ni precedentes. Ha ocurrido algo que me ha llenado de optimismo, que me ha hecho olvidar el resto de contingencias, que me ha hecho pensar que ahí fuera hay esperanza, que todo tiene una solución y que a veces, el destino ayuda un poco a nuestros incansables esfuerzos por agarrarnos a ese finísimo hilo que es la vida.
Hoy me ha mirado. Hoy sus ojos se dirigieron a mí. Cuánto puede cambiarnos una mirada.
Después de un momento tan fugaz, su rostro me pareció algo distinto a cómo lo había visto antes. Me pareció ver algo mágico en el centro de su pupila. Fue indescriptible la impresión y confusa la sensación. Ojos bañados de una luz pura, limpia, bien distinguida, brillante, como el cristal. Pero sobre todo, unos ojos muy despiertos.
La mirada puede cambiar la vida de una persona. Puede significar el inicio de un gesto o de un sentimiento. Las miradas de complicidad han iniciado grandes historias. Una mirada puede descubrir el inmenso océano de secretos que se guarda dentro de una mujer. Con aquella mirada pude percibir tantas cosas en un solo instante que no recuerdo nada en concreto.
Para llegar al punto descriptivo más esclarecedor de unos ojos así, habría que recurrir a una selección frenética de adjetivos que nos aturullaría la mente antes de comprender la esencia de qué están hechos. Así, me aventuré con la mayor pureza de la que soy capaz, a introducirme en el infinito de su mirada y pude ver esa belleza inseparable del mayor de los tesoros, fundiéndose con el encanto en ese ritus sin esfuerzo alguno de su sonrisa que luce de una inexplicable alegría y de una luz pura.
Mirar sus ojos es entrar en un sueño del que uno nunca quisiera despertar. Resulta una sensación agridulce sentir que el mundo acaba tras la inmensidad de los ojos de una mujer, pero tan reconfortante que nada más merece la pena. El silencio, una sonrisa y una mirada serían quizá la medicina universal que todo lo puede, pero que nadie sospecha.
¡Cuántas miradas y de qué pureza encarnadas! La luz de sus ojos es parte de un espectro no medible para el mundo de lo tangible, pero decisivo para los sentimientos. Quien ha descubierto su mirada ya ha visto todos los amaneceres de la historia. En su mirada se puede descubrir el principio de todas las cosas.
Son ojos que estoy seguro podrían identificar en la oscuridad lo que no se percibe a la luz. Ojos que entienden de algo más que de gestos. Ojos que me han regalado una mirada. Quizá algo que esperaba desde hacía demasiado tiempo.
Sí, hoy me ha mirado. Hoy me ha dicho muchas cosas dentro de sus pupilas y yo, tonto de mí, solo he sido capaz de corresponderle con otra mirada de atónito, con esa cara de bobo que se me ha quedado.
Por eso digo que una mirada puede cambiar nuestras vidas.
No debemos olvidarlo.